Simples casualidades.
Ella me hacía ser diferente. No, me equivoco; ella me hacía ser yo misma y era algo a lo que no estaba acostumbrada. He tenido desde siempre la mala costumbre de acomodarme a los demás, de ser moldeable y no ser el bicho raro que espantaba a la gente; y así sobrevivía, sin destacar, enfundándome una piel que no me correspondía. Solo ella me hacía poder hablar con claridad sobre mí y sobre lo que me rodeaba, que últimamente solo parecían ser problemas. Pero ella no hacía lo que los demás acostumbraban a hacer. Ella te escuchaba y te decía las cosas como eran. La mayoría de las veces de forma brusca e inapropiada, pero eso era lo que provocaba que yo fuera yo y no el espejismo que había creado ante mí como escudo a cualquier daño, el cual servía fiel. Nunca la había buscado, sin embargo la encontré. Lo que algunos llaman Destino, yo lo llamo casualidades. Y fue por una casualidad por lo que me hizo despertar, darme cuenta de las cosas, abrirme y aceptarme cada día un poco más, ...