Ella.
Ella es ese tipo de personas
que, cuando pasan,
no puedes evitar girarte.
Tiene un aura inocente
que esconde cicatrices
que no han cerrado todavía.
Es un pequeño huracán
que llega cuando sonríe.
Pero ella no lo ve.
Piensa que es tóxica y
tiene razón. Es pura droga.
Porque una vez la conoces,
el resto de personas no saben igual
y, si se fuera,
tendría que rehabilitarme.
Tendría que empezar a ver el mundo
de nuevo sin esa gama rojiza
que tiñe mi vida, igual que su pelo.
Ella, fuego, arde;
tiene una hoguera en su pecho
porque su corazón es grande.
Tanto como el universo.
Ella es mi sol y, no sé cómo,
a veces acabo girando en torno a ella.
Pero yo, cobarde, huyo siempre.
Ella no sabe que es preciosa.
Se tortura y se castiga,
pero ninguna Musa inspiró tanto
arte como inspira ella.
Su inseguridad es parte de su pasado.
Y la convierte en la chica que
sonríe a medias.
Su libertad no tiene fronteras,
porque ha aprendido a base de
golpes y decepciones.
No sabe que es rendirse, aunque
cuando llora,
las Cataratas del Niagara la envidian.
Ojalá pudiera verse como yo la veo
porque no vería un desastre,
sino el mejor caos del cosmos
reflejado cada mañana
en el espejo,
despertando a su paso
miles de sueños.
que, cuando pasan,
no puedes evitar girarte.
Tiene un aura inocente
que esconde cicatrices
que no han cerrado todavía.
Es un pequeño huracán
que llega cuando sonríe.
Pero ella no lo ve.
Piensa que es tóxica y
tiene razón. Es pura droga.
Porque una vez la conoces,
el resto de personas no saben igual
y, si se fuera,
tendría que rehabilitarme.
Tendría que empezar a ver el mundo
de nuevo sin esa gama rojiza
que tiñe mi vida, igual que su pelo.
Ella, fuego, arde;
tiene una hoguera en su pecho
porque su corazón es grande.
Tanto como el universo.
Ella es mi sol y, no sé cómo,
a veces acabo girando en torno a ella.
Pero yo, cobarde, huyo siempre.
Ella no sabe que es preciosa.
Se tortura y se castiga,
pero ninguna Musa inspiró tanto
arte como inspira ella.
Su inseguridad es parte de su pasado.
Y la convierte en la chica que
sonríe a medias.
Su libertad no tiene fronteras,
porque ha aprendido a base de
golpes y decepciones.
No sabe que es rendirse, aunque
cuando llora,
las Cataratas del Niagara la envidian.
Ojalá pudiera verse como yo la veo
porque no vería un desastre,
sino el mejor caos del cosmos
reflejado cada mañana
en el espejo,
despertando a su paso
miles de sueños.