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Mostrando entradas de noviembre, 2012

¿Miedo o realidad?

He soñado contigo, tal vez no sea la primera vez, pero espero que no sea la última. El sueño son los deseos del subconsciente, así como los miedos. Mi sueño, un miedo. Sabes que me importas, y espero que siga así. Sé que no será para siempre, pero cuánto más mejor. ¿No? He soñado que desaparecías, que te esfumabas de mi vida, que nadie me ayudaba a encontrarte, que nadie me ayudaba a encontrarme. Esa exasperación por intentar llegar a algún lugar y estar sola en la oscuridad, por querer correr y no moverme. Puede que no te importen mis sueños, pero necesitaba quitármelo de la cabeza. Necesitaba saber que estás aquí, para que otra noche más me puedas desear dulces sueños. Saber que no te vas a esfumar como por arte de magia.

Observando sin ojos lo que nadie ve.

Me senté en el sofá, junto a él. Me agazapé a su lado, mientras él miraba el fuego que habían encendido en una chimenea de la que no había reparado hasta entonces. Él giró su rostro hasta el mío, estábamos a unos centímetros, lo suficientemente cerca como para no poder fijar la vista en nuestros ojos sin ver doble. Él alzó su mano hasta mi mejilla y deslizó sus dedos, suaves y delicados, hasta mi cuello.  -Recuerdo la primera vez que te vi -dijo él casi en un susurro inaudible. Sonreí avergonzada-. Tú ni siquiera de percataste de mí. Era por la mañana y hacía un calor de morirse y tú sin embargo ibas con una chaqueta puesta, te ibas a encender un cigarro, te echaste el pelo hacia atrás y cerraste los ojos mientras tomabas aire. Estabas serena, tomándote un momento para ti, observando sin ojos lo que nadie ve. Me alejé un  poco más de él para ver su expresión, serena y sonriente. Él me miraba, sus dedos rozando mi mejilla y mi mandíbula con suavidad. Sus ojos se tornaro...

Más especial y compleja que la mayoría.

Sólo me acerqué y posé mis labios sobre los suyos. Me apoyé sobre mis rodillas para alzarme un poco más, lo atraje para mí del mentón, con cuidado, sin querer dañarlo. Nuestros labios se separaron en un intento desesperado por conseguir aire, nuestras frentes se tocaban, nuestras narices se rozaban.  Logré susurrarle en con la voz rota "A ti te querré siempre".  No era mentira, le quería desde el momento en que le había conocido. De una forma u otra, más especial y compleja que la mayoría de las personas; pero le quer ía. Él cerró los ojos, sabía a qué me refería, sabía que le quería de tal manera que no podríamos estar juntos, que no estábamos destinados para estar juntos, que no estábamos hechos el uno para el otro.

Despertar y echar en falta.

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Todo el mundo se ha despertado alguna vez, ha mirado a su alrededor y ha notado que le faltaba algo. Todo el mundo, sin excepción alguna. Todos incluidos yo. Hoy me he despertado, me sobraban pulsaciones. Estaba demasiado alterada como para poder darme cuenta de que realmente necesitaba respirar. No importaba. Nada importaba. Tú me faltabas. No sabía si era un sueño o era realidad. Pero simplemente, no estabas. Y yo tenía ganas de ti, no de ti en sí; ganas de tus ojos sobre los míos, de tus caricias sobre mi piel, de tus labios sobre mi cuello. Lo único que pude hacer fue cerrar los ojos, recordarte en un silencio de añoranza mientras me calmaba poco a poco. Sin ti.

¿Dónde te has escondido?

H ace tiempo que perdí la pista de lo que fuimos. Tú Yo Nosotros. Pero ahora no queda nada nadie. Solo el recuerdo en nuestra memoria marchita  envejecida.

So far away

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Hubo un tiempo en que todo era diferente, en que pensaba que todo lo que podía suceder nunca sucedería. Pero, que equivocada estaba. Ingenua yo, una niña sin nada de lo que preocuparse, sin nada a lo que temer. Desgracias de la vida eso que llaman madurez. Esa que viene de improvisto, de la que te das cuenta de que está ahí una vez miras al pasado, una vez ves que añoras los viejos tiempos de sonrisas y juegos. 

Deja de pensar que no te escribo.

¿Qué por qué no he escrito nada sobre ti? No, cielo, a ti te escribí, a ti te leí y te deseé lo mejor del futuro. No sé si recordarás el día que celebraste tu cumpleaños, el día que yo te confesé en voz alta, a pesar de mis miedos, lo que había escrito. Es a ti, a esa chica fantástica que está leyendo esto, a quien quiero agradecer todo lo que ha hecho por mí. Porque, aunque seamos amigas, te quiero. Ya está, te lo he dicho. Te lo he debido de decir mil y una vez, pero ¿y qué? ¿Por qué voy a parar de decir una cosa que te puede alegrar el día? Que sí, que tú lo vales, que tú eres la chica fantástica de sonrisa amplia, que tú eres mi geek y punto. Y no pienses que no te escribo, porque a ti te he escrito una de las cartas más importantes de todas las que he escrito, que no son pocas. Porque es por ti por quien leí en voz alta tantas cosas que en mi vida me hubiera atrevido a decir en voz alta, y las cosas son así. Que puede que no seas la última a la que le dedique mis letras, pero se...