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Mostrando entradas de marzo, 2013

¿Bailas?

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 -¿Bailas? -insistió. Lo miré. Él sonrió, tenía una sonrisa bonita aunque no solía mostrarla mucho. Ahora entendía por qué no lo hacía tan a menudo, cuando la veías te podías ofrecer a hacer paracaidismo por ver de nuevo esa sonrisa en conjunto con sus ojos. Él puso su mano sobre mi cadera y me arrastró hasta la improvisada pista de baile. Se puso frente a mí y puso sus manos en mi cadera, yo le rodeé el cuello como hacían las demás chicas. Volvió a sonreír de satisfacción. -Vete a... -le empujé, pero me agarró de la mano para que no me fuera. -Una sola canción y me voy a donde tú quieras -dijo con seriedad. Volví a enredar su cuello con mis brazos, él sonrió. -¿Por qué eres tan amable conmigo? -le pregunté. Él se encogió de hombros, su semblante no cambió un ápice tan siquiera. -¿Por qué siempre estás tan agresiva conmigo? -preguntó él. Lo pensé, pero tenía razón, yo tampoco tenía una buena respuesta. -Hay cosas que no son necesarias entender para hacer -dij...

La vida no es de rosa.

Siempre, desde que era pequeña he pensado que la vida era como en las películas y los libros. Una fantasía perfecta en la que no había cabida a errores, un sueño tan logrado que acababa con un “felices para siempre”. Siempre, desde que era pequeña creía que la vida era maravillosa, que podía llegar a ser quien quisiera, obtener lo que me propusiera. Todo aquello que yo deseara lo podría obtener con esfuerzo y positivismo. Siempre, desde que somos pequeños, nos enseñan a que el mundo es un bello lugar en el que creceremos sin problemas ni dificultades, junto a nuestro príncipe azul y viviendo en el País de Nunca Jamás. ¿Por qué iríamos a desconfiar de los cuentos? Y ahora, ahora que ya no somos pequeños, nos damos cuenta de que hasta Cenicienta perdió un zapato y que más de una princesa tuvo que soportar a una malvada en su vida. Ahora que no somos pequeños, hemos descubierto que la vida no es de rosa, que hay más ruecas que hadas que conceden deseos. Ahora, lejos de ser ...

Pasó lo que debía pasar.

Hacía frío, el atardecer se podía vislumbrar a mis espaldas, el día acababa y la noche estaba por llegar. Al despertar nunca había imaginado que ese día me marcaría, nunca habría creído que una simple persona podría significar tanto para mí. Sin embargo, ahí estaba yo, de pie, mirando un campo coloreado por flores violetas sin nadie que me acompañara en mi soledad, aunque necesitara que alguien me hiciera sentir un poco menos melancólica. Pero nada de lo que yo necesitaba ocurrió, seguí estando sola mientras los minutos pasaban y las agujas del reloj se movían incansables, continué mirando al vacío con la mente en blanco sin poder articular palabra. No hizo falta más que su recuerdo para marchitar el latido de mi corazón y volverme débil y frágil a la vista de cualquiera. Me derrumbé, en mis ojos las lágrimas se agolparon, el suelo se movió hasta mí y llegué hasta este. Sin fuerzas. Dolida. Estaba en cuerpo, pero mi alma se había fugado en busca de su recuerdo, de sus ojos. Lloré. De...

Gracias por todo, espero no verte más.

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Todo el mundo conoce a ese tipo de personas que le decepcionan cuando menos se lo esperan, personas con las que en realidad tampoco tienes mucho trato, pero esperabas un poco de ellas. Y en algún momento de tu vida te das cuenta de que a parte de sus pocas intenciones de dar algo por ti, su hipocresía a alcanzado tal punto que ni siquiera distingue a la gente que le ha apoyado y la gente que es casi tan hipócrita como ella.  Yo soy de ese tipo de personas que no se muerde la lengua cuando en algo no está de acuerdo, soy ese tipo de personas que cuando le atacan se defiende y más si tengo mis motivos, soy ese tipo de personas que defiende a la gente cuando otros se meten sin motivos con ella. Ella es de ese tipo de persona que tiene mucho carácter y lo sacan sin necesidad alguna, ese tipo de personas que atacan a todos sin motivos y que te sonríe y luego te critica. Y a mí ese tipo de personas no me gusta, creo que no merecen la pena, porque ni siquiera ellos saben cómo son y por...

Atrapada en un deseo inalcanzable

Esperaba el momento oportuno, ese momento que todo el mundo desea. Quería tenerlo entre sus brazos, hundirse en su pecho y que su olor la atrapara poco a poco. Y sin embargo, ella ya sabía que no sería posible, que él estaba suficientemente lejos como para ir en un arrebato emocional. Y en todo el tiempo que pasó entre ambos, ella lo añoraba, y él paralizado por la vida que ya le quitaron volaba libre por la ladera de la montaña del Moncayo.