¿Bailas?
-¿Bailas? -insistió.
Lo miré. Él sonrió,
tenía una sonrisa bonita aunque no solía mostrarla mucho. Ahora
entendía por qué no lo hacía tan a menudo, cuando la veías te podías
ofrecer a hacer paracaidismo por ver de nuevo esa sonrisa en conjunto
con sus ojos.
Él puso su mano sobre mi
cadera y me arrastró hasta la improvisada pista de baile. Se puso
frente a mí y puso sus manos en mi cadera, yo le rodeé el cuello
como hacían las demás chicas. Volvió a sonreír de satisfacción.
-Vete a... -le empujé,
pero me agarró de la mano para que no me fuera.
-Una sola canción y me
voy a donde tú quieras -dijo con seriedad.
Volví a enredar su
cuello con mis brazos, él sonrió.
-¿Por qué eres tan
amable conmigo? -le pregunté.
Él se encogió de
hombros, su semblante no cambió un ápice tan siquiera.
-¿Por qué siempre
estás tan agresiva conmigo? -preguntó él.
Lo pensé, pero tenía
razón, yo tampoco tenía una buena respuesta.
-Hay cosas que no son necesarias entender para hacer -dijo en mi oído con más dulzura de
la que me hubiera imaginado de un chico como era él.
-Pero a veces la
curiosidad se antepone al sentido común -contesté.
-Dime un ejemplo.
-Cuando... -él sonrió
ampliamente-. ¿Qué pasa?
-Nada, solo que siempre
me sorprendes.
