La vida no es de rosa.
Siempre, desde que era
pequeña he pensado que la vida era como en las películas y los
libros. Una fantasía perfecta en la que no había cabida a errores,
un sueño tan logrado que acababa con un “felices para siempre”.
Siempre, desde que era
pequeña creía que la vida era maravillosa, que podía llegar a ser
quien quisiera, obtener lo que me propusiera. Todo aquello que yo
deseara lo podría obtener con esfuerzo y positivismo.
Siempre, desde que somos
pequeños, nos enseñan a que el mundo es un bello lugar en el que
creceremos sin problemas ni dificultades, junto a nuestro príncipe
azul y viviendo en el País de Nunca Jamás. ¿Por qué iríamos a
desconfiar de los cuentos?
Y ahora, ahora que ya no
somos pequeños, nos damos cuenta de que hasta Cenicienta perdió un
zapato y que más de una princesa tuvo que soportar a una malvada en
su vida.
Ahora que no somos
pequeños, hemos descubierto que la vida no es de rosa, que hay más
ruecas que hadas que conceden deseos.
Ahora, lejos de ser
infantes inocentes, vamos tropezando, cerciorándonos de que la vida
no es el cuento que siempre nos contaron de pequeños.