Entradas

Mostrando entradas de junio, 2013

Saboreando la felicidad.

Que si hay que enamorarse, uno se enamora, y si hay que llorar, uno llora. Que no se es perfecto. Que estoy cansada de abstener lo que siento. Que a tomar por culo todo. Que ya lloraré cuando tenga que llorar y ya reiré cuando toque. Y ya toca. Que ya va siendo hora de sentir y vivir. Que uno no puede vivir con miedo a lo que siente. Que si te decepcionan ya vendrá alguien a recogerte y si te matan ya habrá alguien que se alegre de haberte conocido. Porque a estas alturas, después de llorar, uno aprende a valorar lo que es sonreír. Porque realmente no conocemos lo que nos depara el futuro. Que hay que aprender a sentir, para bien y para mal. Quiero joderme al llorar y saborear la felicidad. 

Un silencio abrumador que no quieres que termine jamás.

Le miras, sonríes, no hay motivo, lo haces. No lo conoces, pero está ahí. Realmente lo sientes cercano, un amigo, aunque en el fondo sabes que no es así. Miras sus labios, él también sonríe. Te sientes orgullosa de haberle hecho sonreír solo por el simple motivo de estar delante, en silencio; aunque tú fuiste la primera en sonreírle sin motivos. Alza su mano hasta tu boca, intentas no sonreír, pero no puedes, te ves envuelta en un silencio abrumador que no quieres que termine jamás, pasa su dedo por tu labio. Le gusta tu sonrisa, te lo acaba de decir. Sonríes más, ni siquiera te sonrojas como de costumbre porque en el fondo te gusta que te lo diga, pero que te lo diga él. Sabes que nunca habías tenido esa relación con nadie y en el fondo te asusta, pero te gusta más que el propio miedo que te inunda. 

No importa cuándo.

"No importa cuándo, yo estaré ahí contigo para cuando me necesites", recordé que me decía con delicadeza hacía no mucho. Y sin embargo, yo lo necesitaba y no estaba. Había rechazado escuchar sus  últimas palabras y también sus abrazos. A pesar de todo, y a mi disgusto, acepto a duras penas que lo echo de menos, que ahora sus abrazos no me vendrían mal, que no me importaría nada escuchar cualquier cosa que pudiera decirme. Pero no estaba, no estaba como me prometió que estaría y estaba más sola de lo que había esperado, mirando por la ventana pensativa y recordando.