No importa cuándo.

"No importa cuándo, yo estaré ahí contigo para cuando me necesites", recordé que me decía con delicadeza hacía no mucho. Y sin embargo, yo lo necesitaba y no estaba. Había rechazado escuchar sus  últimas palabras y también sus abrazos. A pesar de todo, y a mi disgusto, acepto a duras penas que lo echo de menos, que ahora sus abrazos no me vendrían mal, que no me importaría nada escuchar cualquier cosa que pudiera decirme. Pero no estaba, no estaba como me prometió que estaría y estaba más sola de lo que había esperado, mirando por la ventana pensativa y recordando. 

Entradas populares de este blog

Prometo pequeños grandes detalles.

Ella.

Día 3