Un silencio abrumador que no quieres que termine jamás.
Le miras, sonríes, no hay motivo, lo haces. No lo conoces, pero está ahí. Realmente lo sientes cercano, un amigo, aunque en el fondo sabes que no es así. Miras sus labios, él también sonríe. Te sientes orgullosa de haberle hecho sonreír solo por el simple motivo de estar delante, en silencio; aunque tú fuiste la primera en sonreírle sin motivos. Alza su mano hasta tu boca, intentas no sonreír, pero no puedes, te ves envuelta en un silencio abrumador que no quieres que termine jamás, pasa su dedo por tu labio. Le gusta tu sonrisa, te lo acaba de decir. Sonríes más, ni siquiera te sonrojas como de costumbre porque en el fondo te gusta que te lo diga, pero que te lo diga él. Sabes que nunca habías tenido esa relación con nadie y en el fondo te asusta, pero te gusta más que el propio miedo que te inunda.