Día 1.

Todos anhelamos encontrar el amor de nuestras vidas, ese que nos completa, que nos quiere con nuestros defectos y cambios de humor; y cuando lo tenemos, lo apartamos de nuestras vidas. Creo que debo concretar un poco más, yo lo aparto de mi vida. 
Estoy tan centrada en intentar quererme a mí misma y superar todos los problemas que he dejado de apreciar lo que me quiere el resto, aunque eso no pueda ayudar demasiado en ciertas ocasiones. En estos instantes me siento una egoísta y una cobarde porque mi dolor y mis miedos me consumen; siento que me falta el aire cada vez que respiro y que jamás podré hacerlo de nuevo si no es con este tiempo de pausa. 
Pero eso es lo que pasa cuando una tragedia sacude tu vida, al menos la mía, que he estado tan pendiente de que todo siguiera en pie, que el castillo de naipes que componía mi vida no se cayera, que no me he dado cuenta de que al final soy yo la que flaquea. Pero, ¿cómo va a seguir de pie el castillo de naipes cuando le falta un elemento primordial? No puede. Ahora me doy cuenta, y he sido una ingenua al creer que sí. Ese castillo se desmoronó hace un año y jamás podrá reconstruirse, todo será siempre diferente, porque nos faltará el diamante (nuestro gran diamante). 
Y creo que lo más difícil de este último año, ha sido intentar ser fuerte por todos los que me rodeaban, todos aquellos que ya habían caído del castillo. Yo quería seguir ahí de pie, proclamando victoria (¡sigo aquí a pesar de las circunstancias!); pero ahora tengo que admitir que me he caído, he tocado fondo y el mundo se ve muy grande desde donde estoy. 
Cabe la posibilidad de que todo se hubiera roto aunque él estuviera aquí, que sí que existiera ese Destino que tiene un plan para cada uno de nosotros, pero eso jamás lo sabremos. Estoy cansada de vivir en un futuro quizás lleno de incógnitas: ¿y si...?, puede que mañana..., aguantaré un poco más y lucharé por algo que tal vez no valga la pena. Porque, ¿desde cuándo dolía tanto esperar? 
Así que hoy, en el día uno del desastre de mi vida, he terminado de romper con la carta que me representaba. Estoy sola en un lugar desconocido rodeada de gente desconocida, perdiéndome a mí cada vez más, preguntándome si mis decisiones son las correctas y si lo son, ¿por qué siguen doliendo, por qué cuesta tanto seguir adelante? En este día uno, estoy más perdida que nunca, estoy sola y llena de un dolor que ha acabado por explotar a todos los que me rodean porque no soy de piedra, porque no podía ser un tanque que acumula daños sin ningún efecto. Y lo peor de estar mal no es solo estar solo (o sentirte así, aunque no sea cierto), sino pedir ayuda, aceptar que no puedes más y que sin otra persona no serás capaz de salir donde estás metido. Creo que ayer, el día cero en el que todo cambió, fue el día más importante de toda mi vida, porque despedí al gran amor de mi vida en una estación con un único billete de ida y porque todo mi castillo de naipes se destruyó en ese mismo instante. 
El día uno de mi vida parece frío y duro, con rencor y odio hacia mí y hacia otros; y no es que empiece mi vida de nuevo, sino que tengo que reconstruirla con las cartas que tenga, aunque no esté ni mi corazón ni mi diamante. 





Entradas populares de este blog

Prometo pequeños grandes detalles.

Ella.

Día 3