Vivir. Soñar. Luchar.


Pretendemos ser queridos, ser comprendidos y amados. Pretendemos encontrar a alguien que sea capaz de soportar nuestra locura, capaz de estar a nuestro lado en las buenas y las malas. Pretendemos soñar con una realidad imposible, una realidad fantasiosa y de película. Pretendemos no despertar jamás.
Nunca me he parado a pensar qué era lo que realmente pretendía en mi día a día, qué es lo que buscaba, qué es lo que soñaba cada noche y por lo que despertaba cada mañana. Y ahora lo sé, uno no se lo replantea hasta que está en una frágil situación, bien, yo debo estar en esa frágil situación.
Vivir.
Seguir soñando.
Luchar por esos sueños.
Eso era lo que realmente quería. Nadie me lo había preguntado, nadie se interesa por lo que quieren los demás porque están demasiado ocupados viviendo en una incesable rutina que les consume a todos. Pero llega un momento en que eso se termina, en que tu rutina se ve descuartizada y tú tienes que hacer algo al respecto, pero que lo que tiene que ocurrir no está en tus manos, se escapa de tus posibilidades, así que realmente ya no es lo que tienes que hacer, sino lo que tienes que esperar que pase.  

Entradas populares de este blog

Prometo pequeños grandes detalles.

Ella.

Día 3