El día que te conté acerca de esos detalles insignificantes.
Hoy me gustaría contarte todas las cosas que he hecho en este poco más de un año en el que no has estado. Seguramente, la mayoría de estas cosas sean aburridas, cosas sin sentido que no han cambiado apenas mi vida o decisiones insignificantes como comprarme aquella falda en vez de aquella otra; y seguramente a ti te hubiera dado exactamente igual, cosas insignificantes de la gran vida que planeabas. Sin embargo, probablemente la cosa más importante que me haya ocurrido sea empezar a escribir cartas que jamás llegarás a leer y eso no es para nada insignificante. Hoy tengo esas prisas por vivir, porque de algún modo ya no le temo a la muerte, sino a la vida. La muerte siempre va a estar ahí, es una realidad cuya fecha desconocemos; la vida, en cambio, es efímera. Como una mariposa que se detiene unos segundos a descansar sobre esa flor amarilla del parque, como aquella cita que dice: "Morir es fácil, lo duro es vivir". Tengo prisas por conocer mundo y personas que me cambien en mayor o menor medida, aprender todo lo que pueda hasta quedar exhausta o leer hasta que mis ojos estén secos. Tengo prisa por cumplir con mi vida y si es posible con la tuya, por todas esas promesas que nos hicimos y que se quedaron estancadas.
Hoy, como cada día, te echo de menos como muchos otros que te recuerdan y que también siguen viviendo sus vidas con grandes momentos insignificantes marcados por tu ausencia.
Hoy, como cada día, te echo de menos como muchos otros que te recuerdan y que también siguen viviendo sus vidas con grandes momentos insignificantes marcados por tu ausencia.