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Mostrando entradas de abril, 2013

Gracias y de nada.

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Llega un momento en que te das cuenta de lo mucho que te importan las personas que tienes a tu alrededor. Normalmente tarde, lo suficiente como para que ya no estén junto a ti cuando las necesitas. Puede que alguna vez te hayan decepcionado, se hayan marchado cuando no debían, tal vez te hicieron daño; sin embargo, también te has dado cuenta de lo mucho que te han llegado a apoyar, esos momentos que te han visto llorar y luego te hacían reír como una tonta.  Realmente no sé a dónde quiero llegar a parar. En el fondo creo que me repito, porque en alguna ocasión he hablado de la gente que me importa y lo mucho que me han apoyado. No obstante, no me equivoco diciendo que nunca he hablado sobre cómo me siento cuando necesito hablar sobre alguien y no puedo. Sabes qué es lo que quieres decir, sabes cual es el mensaje, sabes que necesitas liberarte, pero no haces nada.  Va por ti, sí. Tú. No sé. Me parece que ya he dicho todo. Gracias y de nada. Me importaste, te quise, me dece...

Es compleja, pero nuestra.

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Nunca he entendido demasiado bien la vida. La vida es aquello que vivimos, que nos llena, nos ilusiona o desesperanza, la que nos hace sonreír y también llorar, por la que pasamos llamando más o menos la atención, pero lo hacemos. La vida es una forma de entender la realidad, de luchar por nuestros sueños y de seguir hacia adelante para poder conocerla en su mayor esplendor. La vida es una forma de sufrir, de ver como no alcanzamos la meta, de tropezar con los mismos baches. La vida es llorar, recomponernos. La vida es compleja. La vida es nuestra. Sufrimiento y felicidad. ¿Puede ser?

You and me.

Había algo más allá que todo aquello. Algo me superaba. No sabía exactamente qué era, pero me atraía irresistiblemente. Y ahí estaba yo, tirada en mi cama, bocarriba, respirando exhausta, con mi mano reposando sobre mi abdomen, mirando no muy lejos de mí, donde sus ojos se hallaban. Envuelta en deseos de traerlo hasta mí, de notar su corazón acompasado al mío, de poder acurrucarme a su lado sin que me importara el tiempo que corría en mi contra. Deseosa de dejar a un lado todas las preocupaciones que me embargaban a mí cuando él estaba lo suficientemente lejos como para que me inundaran. Vino a mi mente una frase que decía así: Cuando crees que quieres morir, lo único que deseas es ser rescatada. Y era cierto, nadie quiere morir, nadie quiere no ser importante. Todos quieren vivir, tener una oportunidad, que alguien les ayude para salir a la superficie y olvidar todo. Y ahí estaba yo, mirando sus ojos, ensimismada en mi pensamiento, lejos de donde mi cuerpo estaba. Observando...