Lucha como lo haría una madre.

¿Y de qué te extrañas? ¿Te impacta ver llorar a alguien? ¿Tú nunca has llorado? Disculpa, pero todo el mundo ha llorado. Ya nacemos llorando, es algo que nos hace ser especiales. Lloramos al nacer, despertamos entre llantos y lágrimas. Eso nos hace humanos. Tenemos la capacidad de llorar y recomponernos; la extraordinaria capacidad de llorar como forma de escape; lloramos porque es humano. Pero lo que importa no es el hecho de llorar, lo que importa es que después de llorar eres lo suficiente fuerte como para volver y levantar la cabeza y seguir adelante, lo suficientemente fuerte como para seguir luchando. Y eso es lo que nos diferencia entre los humanos, y sobre todo lo que te diferencia de otras personas.
Y ha llorado, sí, y ha sufrido, sí, y lo ha pasado mal, sí, y cabizbaja se ha derrumbado, sí, y ha llorado hasta tarde, sí, y se ha levantado, sí, y ha seguido con su vida, sí, y con más fuerza y voluntad que antes, sí, y aquí está, dándolo todo por la gente a la que le importa.
¿Y tú? Sí, tú, que pides, recibes y no das. Ajá, tú, que lloras por las noches, frente a cualquier persona y ni siquiera eres capaz de salir de tu agujero, que sigues sumiso en tu tristeza culpando a los demás por ella. Sí, tú, te diré una cosa: Consigue todo lo que ha conseguido ella, consigue solo una enésima parte y verás que no es fácil, haz todo lo que ha hecho ella por ti y verás que no lo consigues, logra estar donde está ella y verás que no lo consigues; tú tienes tus problemas, como todos, pero no culpes al mundo, lucha como lo haría una madre por sus hijos, cáete y vuelve a levantarte. La vida es dura, sí, pero si te rindes no sirve de nada.


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