26.
Ahí estaba yo, agazapada en el suelo,
con los ojos cerrados y el rostro hundido entre las manos y las
piernas. Ahí estabas tú, en cualquier otro lado menos junto a mí,
en donde deberías haber estado siempre. Pero no es así, te
alejaste, me dejaste sola sin más compañía que la música de ritmo
lento y melancólico.
El tiempo no paraba, no retrocedía
como yo quería; avanzaba rápido y no podía evitarlo. Intentaba no
pensar para no volver a llorar, pero era una misión imposible de la
que no podía pasar desapercibido. Recordaba todos esos momentos que
tanto me dolían, todas esas sonrisas que tanto añoraba, todas esas
historias en las que ninguno de los dos eramos los protagonistas.