El secreto de sus ojos.

Poco tiempo llevo con ella, tal vez demasiado poco; pero no sé por qué, la duda me corroe, es como si fuera tan familiar y cercana a la hora de estar conmigo, que siento como si llevara toda la vida bromeando con ella entre clase y clase. Sí, poco tiempo y ya sé bastante de ella, al igual que ella de mí.
Sus ojos, lejos de una infancia perfecta, ahora la añoran. ¿Dónde quedaron los días de felicidad en los que nada importaba? No lo sabe, a pesar de que le gustaría volver a ellos. Esa imagen que tenía de familia perfecta, desvanecida en el tiempo, sin más que su recuerdo en la memoria madura que ella conserva con alegría. Sí, poco tiempo y seguramente acierto diciendo que echa de menos demasiadas cosas del pasado, cosas habituales como ir los domingos a misa y las cenas familiares.
Ahora no es difícil no verla luchando por intentar ayudar en su casa, procurando estar disponible para sus hermanos, queriendo ayudar para que el pequeño crezca feliz fuera de todo el ambiente que vive en su casa.
Que eso no significa que ella no pueda ser feliz, ¿que está relacionado? Seguro, pero cuando estamos juntas, nada de eso parece importarle. Que prefiere llorar de alegría y olvidarse por un instante de la realidad, que prefiere hacer el tonto en clase aunque le echen la bronca a volver a pensar y recordar.
Y ha sido poco tiempo, pero el suficiente como para imaginarte en mi mente. Sentada en tu sofá, con la mantita y las gafas ocultando unos preciosos ojos azules, tal vez sonriendo, tal vez a punto de llorar. Quién sabe. Pero estoy tan segura de que he dado de lleno con algunas cosas, que me darás la enhorabuena cuando hables conmigo, reconociendo que te equivocaste, y que yo no soy todo lo que aparento. Al igual que tú, que conoces mejor que nadie que la felicidad y la niñez van de la mano.

Un  placer escribir para ti. 
Daisydoo

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