Tu música, tu guitarra, tú.


Agarraste entre tus manos la guitarra, la posaste sobre tu regazo y miraste las cuerdas en silencio. No había nada que pudiera hacer para saber qué era lo que pensabas en ese momento, no había nada que pudiera decir para desconcentrarlo. Puso su mano izquierda en el mástil y deslizo la púa sobre las cuerdas; alzó su vista y la posó sobre mí. “Ésta te gustará”, dijo en un leve susurro respecto a la canción. Claro que me iba a gustar, me gustaban todas las que me tocaba y me cantaba, no importaba que no las conociera, que no supiera quién las cantaba; lo que importaba era el hecho de que me cantara a solas, que me hiciera sentir que no había nada más que la música a mi alrededor.
Sonreí, era casi involuntario. Comenzó a tocar el ritmo apenas sin mirar su guitarra, me miraba a mí con media sonrisa. Me preguntó con carita de niño bueno si reconocía la canción y como la mayoría de veces negué con la cabeza. Nunca había sido buena reconociendo los ritmos de las canciones, pero él nunca se cansaba de preguntar e insistir. Comenzó a cantar, mi sonrisa se ensancho. Sentí que mi corazón se paraba un poquito, que no quería que eso fuera real. Su voz salía sin problemas, pensando en una letra que apenas recordaba. Cogí el móvil y busqué la letra de la canción mientras él tocaba la canción con punteo.
Ahogué las lágrimas al escucharlo cantar, tan sincero e indefenso frente a mí. Aunque tal vez era yo la sincera y la indefensa. Pensando en lo que pienso cuando lloraba, cuando le decía que no; cuando lloraba en silencio. Sentí que mi mundo se venía abajo, que él había sido el responsable con una simple canción, que le necesitaba a mi lado y no quería sentir de nuevo esa sensación de vacío en el momento en que le había perdido.
Y ahí estaba, delante de mí, cantando con naturalidad. Por y para mí. Y cada vez que sus ojos se paraban en mí yo le sonreía, para no hacerle creer que estaba mal, que en ese momento necesitaba llorar. Fingiendo otra sonrisa falsa, esperando que no se diera cuenta de que la música que él tocaba era capaz de hacerme vulnerable.



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