A vivir la vida se ha dicho.

No sería la primera vez que me juzgan por mi aspecto, por mi forma de hablar, o por mi comportamiento. Y estoy segura de que tampoco será la última. Cuando veo a esa gente que se preocupa tanto por el qué dirán, yo pienso que ni siquiera saben quiénes son. Soy de esa minoría que piensa que uno nunca llega a conocerse, que es imposible; pero si te dejas influenciar por los demás, está claro que nunca podrás investigar por tu propia cuenta. 
Tengo menos años de los que me suelen decir y más inteligencia de la que creen que poseo. No me las doy de superior, me intento creer que valgo, para que no me vuelvan a hacer daño. Soy joven, sí, sin embargo eso no implica no poder haber vivido y sufrido. No digo que mi vida sea una mierda, digo que ya he pasado por mucho y son cosas anormales, atópicas. 
Algunas personas ya saben que no me gusta juzgar ni que me juzguen, porque yo ya he pasado por eso, y no siempre es positivo, porque luego están las decepciones. Y lo peor es que la gente se decepciona y sigue juzgando, como si no les importara el sufrimiento ajeno. Yo sinceramente no lo veo correcto, aunque qué más da lo que piense acerca de sentimientos, estaréis pensando muchos; es sólo una cría y ya habla de valores, moralidad y actitud de la sociedad, pensaréis otros. Eh, ¿sabéis qué os dice está cría? Que dejéis de juzgar y viváis un poco más a gusto con vosotros mismo, que la vida es muy corta y a mí no me apetece que me aburran con críticas. 


Entradas populares de este blog

Prometo pequeños grandes detalles.

Ella.

Día 3