Como dos imanes de polos opuestos.

Y te das cuenta de que lo necesitas, lo necesitas a tu lado, sonriéndote como si nada importara y el tiempo no existiera. De que él es como tu aire, tu forma de vida, puedes estar un tiempo sin respirar, pero al final lo acabarás necesitando. Que a pesar de todo influye en ti sin problema alguno, incluso inevitablemente, como dos imanes de polos opuestos. Y lo necesitas, aunque no diga nada, aunque sólo sea para darte un abrazo y susurrarte que te quiere, que eres bonita o importante; aunque tú misma sepas que él no te necesita a ti tanto como tú a él. Y lo peor es que lo seguirás necesitando, queriéndole cada día un poco más, olvidando todo cada vez que te sonríe.


Entradas populares de este blog

Prometo pequeños grandes detalles.

Ella.

Día 3