Reflexiona y sigue con tu destrucción.

No debería escribirte directamente a ti porque no te lo mereces, porque tu comportamiento ha sido de todo menos el correcto. Pero sabes qué, lo estoy haciendo a pesar de lo que me cuesta. No te voy a decir nada que no sepas, no te voy a decir que te echo de menos, porque eso ya no es así, hace mucho que no lo hago; tampoco te voy a decir que echo de menos a quien eras, porque a ti te la suda y sería una pérdida de tiempo por ambas partes; y mucho menos te voy a decir que espero que cambies, porque a estas alturas mi esperanza a desaparecido casi por completo sobre ti y eso que la esperanza es lo último que se pierde, pero es lo que ocurre cuando vives lo que he vivido yo. 
Publico esto porque sé que lo leerás, tarde o temprano; porque me da igual lo que piense la gente a cerca de mi vida; porque espero que en algún momento reflexiones y cumplas todas las promesas que ya has roto con tus acciones. 
Tú tendrías que saber, y de sobras, qué pasa en tu vida, pero no lo sabes. Yo no puedo comprenderlo, pero ¿cómo voy a comprender algo que ni siquiera tú llegas a asimilar? ¿Cómo quieres que alguien te ayude si no dejas que nadie se acerque a ti? Yo no tengo las respuestas, ¿por qué? porque las tienes tú, en tu mente, tan dejada por su desuso y su propio caos mental que todo lo brillante que ha sido se ha perdido. 
No voy a decir nada más. Bueno, sí. ¿Te has replanteado lo qué haces con tu vida? Me refiero, ¿te das cuenta de lo que estás haciendo, de las consecuencias, de que yo no ya no estoy como secuela? No sé, tú sabrás, tú manejas los mandos de esa vida que nos hace daño a todos. Reflexiona y sigue con tu destrucción como hasta ahora, que parece que se te da bien, aunque nunca es tarde para rendirse y arreglar todo lo que has ido estropeando.  

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