Te adoro a ti, como soy contigo.
Adoro que me hagas sentir como lo haces, especial, única, importante; que me cojas entre tus brazos y me achuches como si fuera a caerme; que me sonrías y hagas chistes malos que me hacen sonreír. Te adoro a ti, a como soy contigo. Y aunque no es la primera vez que me dicen que soy madura para mi edad, contigo nada de eso funciona, soy tan inocente como lo era hace un par de años. Y eso, en realidad, me gusta y mucho.
Y tanto te adoro, que cuando te vas y no te veo, me noto más desesperada de lo que me gustaría. Desesperada por volver a olvidarme de todo y reír sin problema alguno, por volver a esa inocencia, por que tus brazos me rodeen. Entonces, la adoración se convierte en un conflicto conmigo misma, en la que lucho para no salir de casa a buscarte, para estudiar como debería de estar haciendo ahora.