Un final truncado que no significa nada.
Llega un momento en que tú no puedes más, en que estás tan cansada de todo que lo único que quieres es provocar un final truncado para acabar cuanto antes. Ese momento que ya sabes de anticipo que no va a ser nada agradable, que sabes que no va a salir nada bien y aún encima nada volverá a ser como antes. Ese instante en que lo único que piensas es "explota por todo lo que has pasado", y así ocurre, explotas y todo se va de madre. Es entonces cuando se escuchan gritos, portazos y un nudo en el estómago te hace actuar de forma desequilibrada y poco racional, llevando la situación al extremo de la violencia.
Y de pronto te ves sentada en el suelo, con los ojos cerrados, sin poder derramar una lágrima y ganas de mandar a la mierda todo. Que esa discusión no significa nada, sólo es otra al montón de diferentes momentos en los que esperas que todo cambie, que cambie la situación.