Hay días y noches.
Hay días en los que todo es oscuro, en los que no hay cabida para un triste rayo de luz que ilumine tu mundo. Días en los que tienes ganas de llorar nada más levantarte, días en los que deseas morir antes si quiera pensar las sorpresas que te pueden ofrecer.
Hay noches que parece que ni la luna te quiere acompañar, en las que todos tus sentimientos te embargan de golpe. Noches en las que debes sufrir en silencio, noches en las que deseas morir si quiera pensando en los demás y las sorpresas del día siguiente.
Hay días y noches. Extraños. Solitarios. Melancólicos.
Pero también hay días en los que no necesitas nada para saber que será un buen día, de esos en los que te despiertas con positivismo y ves todo más bonito. Días en los que las risas son el fruto de la esperanza y nada puede salir mal.
Pero también hay noches en las que no quieres dormir, porque estás demasiado feliz, por lo que sea, por quien sea; simplemente estás feliz, tú realidad supera cualquier ficción. Noches en las que te ríes en la cama por un recuerdo agradable que quieres conservar por siempre para reír durante más tiempo.
Hay días y noches. Felices. Esperanzadores. Motivadores.
Aunque no puedas elegir cual es cual, todas te completan como persona, te hacen ser quien eres. Así que no debes perder la esperanza por una mala racha, que otra mejor vendrá.