Shiny diamond.
Esa sensación que te embarga cuando te hundes bajo el agua y miras hacia arriba. Tu cuerpo inerte, tus pulmones parados, tu mente en blanco. Ves que el mundo se mueve al son de las olas y tú eres un mero observador que nada puede hacer más que contemplar. El sol se cuela por entre una de esas olas y se fragmenta en miles de colores, cual lustroso diamante. Dejas que se escape un poco de aire de tus pulmones y vigilas la trayectoria irregular de esas burbujitas, atravesando la luz filtrada sin preocupación alguna. Ahí, al fondo, el tiempo no pasa, no hay preocupación alguna.