La fe, lo primero.
No soy especialmente el tipo de persona a la que le gusta sentirse importante, ni tampoco lo busca. Soy el tipo de persona que pasa desapercibida, que sonríe por lo bajo y no entra en conversaciones ajenas. Ese tipo de persona que puede estar a tu lado y ni te das cuenta, porque no me gusta hacerme notar. Pues así soy yo. Pero no hay nada como conocerme un poco y darme cuerda para que me suelte, porque entonces no hay persona más loca y sincera. Ese tipo de persona que siempre espera hacer sonreír a otros e impresionar, que busca ser feliz y ver a los demás felices, que cree que la van a ayudan cuando no está bien. Y lo mejor es que, aunque ya debería haber aprendido la lección, aún sigo creyendo que me van a apoyar cuando no es así. Lo mejor es cuando descubres que eres importante para alguien, cuando te dice "me alegro de haberte conocido, en serio", y que te ayuda hasta en las malas, que te hace sonreír incluso cuando tienes lágrimas en los ojos. Esa es de las mejores sensaciones que puede haber, sentir que tu vida sirve para algo, para alguien.
Si alguna vez os han hecho daño, tranquilos, no perdáis la fe, siempre habrá alguien que os valore como os merecéis, que hay mucha gente que vale la pena. Es mejor esperar, porque luego viene la recompensa.