Prólogo. Esta es mi vida.
Sonó mi despertador junto a mi cabeza,
me desperté de golpe y paré sin problemas la canción que yo misma
había escogido de mi móvil. Suspiré, miré la hora y recordé que
era sábado. Cerré los ojos y giré en la cama para seguir
durmiendo. Su olor estaba presente, tal vez era psicológico, tal vez
era real; yo ya no sabía distinguir uno de otro. Apreté mi rostro
en la funda rosa del almohadón. Sentí que me faltaba el aire, pero
cualquier cosa era mejor que recordar su olor.
Me senté al borde de la cama y enterré
mi rostro en mis manos. Podía recordar exactamente cuándo fue la
última vez que le había visto, la primera vez que había pasado un
rato con él. Me culpe a mí misma porque él no estuviera conmigo.
No tenía ganas de llorar, pero incluso yo misma sabía que lo
necesitaba. Miré por la ventana, y observé la ventana de mi vecino
con las cortinas ocultando su habitación. Me levanté, abrí el
armario y saqué una bolsa negra que me habían comprado para el
gimnasio. Metí ropa, mi neceser, y mi monedero. Me cambié de ropa y
me calcé. Bajé las escaleras de mi casa sin necesidad de hacer poco
ruido, porque yo misma sabía que nadie me escucharía. Corrí y no
paré, no paré hasta que mi cuerpo necesitó un descanso.